martes, 23 de abril de 2013

Eliminando lo que no sirve



Es un hecho. A los escritores no nos gusta eliminar parte de lo que hemos escrito. Pero es necesario quitar todo lo que sobra en nuestra novela, aunque suframos por dentro porque lo que habíamos hecho nos gustaba (y mucho) y aunque nos hubieran quedado palabras tan bonitas que suspirábamos cada vez que las leíamos. Lamentablemente, si está de más, hay que quitarlo (ojo, es mi humilde opinión. No estoy diciendo cómo tienen que escribir ni nada por el estilo, así que espero que no se lo tomen personal)

La información irrelevante, repetitiva y carente de contenido solo incrementa el volumen del libro; sin embargo, muchas veces, aburre al lector porque no lo conduce a ninguna parte. Es más, tal vez sienta que le hacemos perder el tiempo en un escrito que, por gran cantidad de palabras que tenga, no dice nada.

¿Cómo saber si algo está de más en una novela? 


Fácil. Si no sirve para crear un ambiente, no hace avanzar la trama o no nos hace saber más acerca de los personajes, es información inútil. Escribir palabras bonitas porque sí no sirve de mucho. Todo en la novela debe tener una función. Quizás sea sutil o difícilmente detectable. En ocasiones, nos encontramos con párrafos que solamente parecen  narrar meros incidentes entre los personajes. Pero, a medida que avanzamos con la lectura, nos damos cuenta de que allí decía más de lo que creíamos en un principio. Algunos diálogos están para hacernos conocer a los personajes; para que veamos aspectos de su personalidad que de otro modo no conoceríamos. Nos enseñan cómo van creciendo y evolucionando. 

Otra cosa que deberíamos eliminar es el exceso de información. En ocasiones nos entusiasmamos escribiendo sobre cosas que no interesan a quien las lee, y que sobrepasan la medida justa de información requiere en la obra (no sé si me explico bien). No estamos escribiendo un tratado o ensayo sobre un tema específico, sino una novela. Por lo que es imprescindible no ser aburridos, o corremos el riesgo de que el lector abandone nuestro libro por otro más entretenido. No todos los lectores están dispuestos a leer páginas enteras sobre aspectos detallados que nada tienen que ver con nuestra historia, clasificaciones completas o listas interminables de objetos. Yo misma me he descubierto ignorando ciertas partes de algunos libros, porque me arrancaban más de un bostezo.  

También las descripciones demasiado largas pueden resultar un poco tediosas. Lo que yo hago es intercalarlas con los diálogos o la acción, y casi siempre desde la perspectiva de alguno de los personajes, para que el lector se vaya sumergiendo en la mente de quien observa.  

Muchas veces es necesario eliminar, no párrafos, sino páginas enteras (por el bien de nuestra obra). Ya sea por exceso de información o por vacuidad, hemos de de hacer una limpieza a fondo... y borrar. 

Eso no quiere decir que tengamos que eliminar definitivamente lo que tanto trabajo nos ha dado; podríamos guardarlo en un archivo aparte, para posibles usos futuros. Pero es bueno que nos preguntemos ¿este hermoso fragmento de prosa tiene alguna función, además de entretener? Si la respuesta es sí, excelente. Si es no, preparémonos para finiquitarlo. Sin piedad. Así como a veces estamos dispuestos a matar personajes, debemos eliminar palabras, líneas, párrafos sin remordimiento de conciencia. 

Al final, muchos de nuestros lectores estarán agradecidos. 



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5 comentarios:

  1. Pienso lo mismo que vos. Hace unos meses me propuse darle una corrección intensiva al primer libro de una tetralogía que estoy escribiendo, para poder mandarlo a las editoriales a que lo evalúen para publicar. Obviamente, teniendo en cuenta eso, traté de que la corrección fuera lo más seria posible, y me encontré con algunos fragmentos de escenas que no aportaban nada importante o no llegaban a nada (tampoco influirían en el futuro). Así que esas las eliminé, incluso a pesar de que me encantaban. Después escribí en su lugar diálogos y descripciones que en un futuro sí servirían, y el resultado fue bastante bueno: de 250.000 palabras, pasó a tener 240.000. No es enorme la diferencia, pero es algo.
    Cuando terminé con esa corrección, me decidí a corregir el segundo libro, pero ahí me encontré con que lo mejor iba a ser reescribirlo desde el esqueleto: muy poco podía rescatar. Y sí, no me gusta descartar cosas, pero como dijiste, a veces es necesario ;-(. Si es para bien, por mucho que disguste, al final va a valer la pena. Es parte de ser escritor.
    También creo que el caso contrario hay que tenerlo muy en cuenta: cuando falta información, descripción y detalles acerca de los personajes, la lectura también acaba por sacarle varios bostezos al escritor. Creo que no hay que ser ni demasiado denso ni demasiado escueto, un término medio =).
    Besos!
    Marisol

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    Respuestas
    1. Estoy de acuerdo, Marisol, con lo que decís acerca del caso contrario. Pienso que ambos extremos son malos... Es cuestión de lograr el equilibrio.

      Un abrazo!!!

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  2. Llevas mucha razón, yo he llegado a eliminar hasta capítulos enteros, la verdad es queno me cuesta eliminar sobrantes. Lo bueno es que con el tiempo vas puliendo el estilo y cada vez sobran menos cosas inútiles.

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  3. Cuanta razón tienes amiga en cada una de las cosas que citas. Muchas veces nos empeñamos en añadir contenido supérfluo que no contribuye en nada a la mejora o determinación de una obra. Buenos consejos ;)
    Besotes.

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  4. Muy buenos consejos Karen, estoy de acuerdo en que a veces nos obsesionamos un poco en el tema de las palabras y las páginas, y añadimos para rellenar sin darnos cuenta de que no sirve de nada.

    Besos!!

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